1 de febrero de 2009

Lasker en los cafés de Berlín

Julián Alonso Martín

JAQUE 630 


Me propongo hacer un recorrido por escenarios bien conocidos para quien ha sido, todavía hoy, el campeón del mundo con más años de permanencia en el trono del ajedrez. Esos escenarios son los cafés de Berlín y el guía Emanuel Lasker. Quisiera que aquellos –los cafés- fueran los protagonistas de mi relato; pero no sé si, al final, la personalidad de Lasker y su formidable trayectoria personal y deportiva terminarán imponiéndose…

París era la “capital” del ajedrez europeo cuando, en 1851, se organizaba en Londres el primer gran torneo de la historia. En la ciudad del Sena, el Café de la Regencia resultaba ser el más famoso lugar de reunión de los ajedrecistas. Después de que el centro de atención y consideración hacia nuestro juego se trasladara a la capital londinense, otros locales, con el Simpson´s a la cabeza, pasaron a ser las estancias predilectas de aficionados y maestros. Steinitz se estableció en la ciudad del Támesis poco después de que allí terminara el torneo de 1862 (ganado por Anderssen). Lasker, su sucesor en el trono ajedrecístico, pasó una gran parte de su vida en Berlín.
Si seguimos la biografía de Emanuel Lasker que escribiera el doctor Hannak, comprobaremos de inmediato que el primer Café donde pusiera los pies el futuro campeón mundial es el famoso Kaiserhof. En efecto: a finales de los 1880, Emanuel “había terminado el colegio y entrado en la Universidad, pero en la escuela de su propia vida, seguía encontrándose mal. Estaba harto de pasarse horas en el salón de té para ganar unas miserables monedas; y quedó gratamente sorprendido cuando alguien le dijo que el gran Café Kaiserhof estaba a punto de iniciar su torneo anual de ajedrez, abierto a todos y reconocido por sus generosos premios.
“El joven Lasker hizo acopio de todo su valor y entró en el pomposamente decorado y brillantemente iluminado Café. Sus enormes espejos reflejaron cruelmente el contraste entre su ropa gastada y la elegancia y bienestar de los descuidados berlineses y turistas que bebían sus cafés y chocolates y paladeaban enormes tartas con capas de nata líquida. Tímidamente, se deslizó en este - para él - desconocido ambiente de lujo palaciego y se acercó con humildad a la puerta del salón reservado para la Hermandad del Ajedrez. Y, ¡sorpresa!... Encontró aquí gente con el mismo aspecto descuidado y hambriento que él pero que parecían totalmente ajenos a sus problemas económicos y sus caras afiladas; todos ellos estaban totalmente absortos en esas 32 piezas de madera astutamente colocadas sobre 64 casillas.”
Salón del Café Kaiserhof
Como bien se sabe, Lasker ganó en 1890, empatado con su hermano Berthold, el torneo que organizaba la recién fundada Asociación de Maestros de Ajedrez y que se desarrolló en los salones del Kaiserhof. (Ver Recuadro 1) Durante decenios este local fue punto de reunión de los aficionados berlineses. Pero el día 1 de abril de 1906, el Café se cerró para siempre. “Los nuevos lugares de reunión son el Café Kürfurst (Französische Strasse 24) y el Café Bauer (Unter den Linden)”, apunta una revista de ajedrez, en abril de 1906.

El Café Bauer era muy conocido en Berlín. Se hallaba enfrente del Café Kranzler, en la esquina de Unter den Linden y Friedrichstrasse. Inaugurado en 1877 por el vienés Mathias Bauer, fue uno de los primeros cafés de la ciudad al estilo de los cafés vieneses y encontró luego muchos imitadores. Legendarios son los 800 periódicos europeos que se hallaban a disposición de los clientes; por ellos, Bauer pagaba la ingente suma 30.000 marcos anuales. Un café moca a la turca costaba sus buenos 25 centavos, mucho por aquel entonces. El 13 de septiembre de 1884, el Café Bauer se convierte en el primer local de Berlín iluminado con luz eléctrica. Tras la muerte del fundador, su viuda, Therese Bauer (1843-1906) y sus hijos prosiguieron con el negocio. En 1924, los herederos vendieron la casa a una sociedad que abrió un nuevo café con el nombre de Café unter den Linden (Café bajo los tilos). Durante la Segunda Guerra Mundial, el edificio resultó destruido.
Café Bauer en 1900
 
A comienzos del año 1891, Lasker fue invitado desde Londres y allí derrotó con facilidad a todos los adversarios que quieren enfrentarse a él. En noviembre de 1892 llegó a EE.UU y el 15 de marzo de 1894 daba comienzo en Nueva York el match con Steinitz, que ponía en juego su título. El resultado final (+10, =4, -5), proclamaba nuevo campeón al jugador alemán. El 6 de noviembre de 1896 comenzaba en Moscú el encuentro de revancha y, en esta ocasión, el resultado fue aún más contundente: (+10, =5, -2).
En 1902, Emanuel presentó su tesis en la Universidad de Erlangen… Una vez conseguido el doctorado de matemáticas, Lasker volvió por algún tiempo a Berlín y allí conoció a la que, años más tarde sería su esposa: Marta Bamberger, por aquel entonces, casada con Emil Kohn. Durante todo ese tiempo, las apariciones del campeón en competencias internacionales fueron escasas, aunque con resultados realmente espectaculares. En el famosísimo y fuerte torneo de Hastings del año 1895, se clasifica en tercera posición a un solo punto del ganador, Pillsbury, y a medio punto de Chigorin. Consigue los primeros premios de San Petersburgo 1895/6, Nüremberg 1896, Londres 1899 y París 1900. Después hay que esperar hasta 1904, para verle 2º/3º en la clasificación final del torneo de Cambridge-Springs, en la costa Este de EE.UU.
Pone su título en juego y la disputa comienza el 26 de enero de 1907 en Nueva York ; su desafiante, el americano Frank J. Marshall, recibe una soberana paliza (-7, =7, +0).

En 1908, Lasker estableció su residencia en Berlín. El amor y los preparativos de un posible encuentro en la cumbre con Tarrasch, condicionaron de forma evidente esta decisión.
Los deseos de Tarrasch para medirse en un match con Lasker, poniendo éste su título en juego, venían de lejos. Al resultar vencedor en Montecarlo 1903, el doktor había desafiado al campeón y tras la aceptación de Lasker, las condiciones del enfrentamiento fueron ampliamente difundidas en toda clase de publicaciones. Pero un accidente sufrido mientras patinaba en el hielo obligó a Tarrasch a pedir aplazamiento de la fecha, una petición a la que Lasker no accedió. Pasaron los años y una nueva oportunidad surgió hacia el final del año 1907 por la intervención de organizadores americanos y alemanes. Y, aunque las negociaciones no fueron sencillas, los adversarios disputaron el trono del ajedrez en Düsseldorf y Munich entre los meses de agosto y septiembre de 1908, con resultado favorable al campeón: (+8, -3, =5).
Después del triunfo, Lasker se retiró discretamente para dedicarse a la Filosofía… No duró mucho su alejamiento del tablero pues, a primeros del año siguiente, ya estaba disputando un torneo organizado en San Petersburgo en memoria de Chigorin, formidable competición que el campeón lideró junto a Rubinstein.
Al regresar de la capital de los zares, Lasker se quedó a vivir en París durante lo que restaba del año y se hizo asiduo -¡cómo no!- del Café de la Regencia, donde se le veía jugando o charlando con no importa quien. Y fue en este famoso Café donde el acaudalado pintor holandés Pierre Nardus consiguió convencerle de que se enfrentara a Janowsky. En el duelo donde ponía su título de campeón en juego, Lasker derrotó de forma inapelable (9 y medio puntos contra 1 y medio) al aspirante que no consiguió derrotarle ni una sola vez. El encuentro, disputado en Berlín, finalizaba el 8 de diciembre de 1910. Pero ese mismo año, el campeón había pasado por una situación muy comprometida a consecuencia del enfrentamiento que sostuvo con Carl Schlechter. La competencia comenzó el 7 de enero en el los salones del Wiener Schachklub y después de cuatro tablas seguidas, el campeón cayó en la quinta partida. La serie berlinesa (disputada en una sala aislada del Hotel Roma) comenzó con cuatro empates consecutivos –como en Viena- y, sólo gracias a su triunfo en la última partida, el campeón pudo conservar el trono.

Mientras en el Torneo de San Sebastián de 1911 se mostraba al mundo un nuevo astro del firmamento ajedrecístico, el vigente campeón mundial, es decir, Emanuel Lasker, proponía a Marta que fuera su esposa y adquiría en Berlín la casa donde iba a vivir el futuro matrimonio. Cuando cumplían su primer año de casados, la pareja hizo un viaje por América donde Lasker cumplió con una serie de compromisos ofreciendo charlas, conferencias y exhibiciones de simultáneas. De nuevo en casa, Emanuel compró un terreno rústico a veinte millas de la capital alemana. Disfrutaba con la naturaleza y se le ocurrió iniciar una experiencia como granjero. Fracasó. (Probablemente porque estaba más acostumbrado a pasar sus ratos de ocio tomando café y fumando en locales llenos de humo).

Tarrasch, irreconciliable adversario, también había establecido su residencia en Berlín. Pero el médico de Nüremberg, se reunía con una corte de admiradores en otro local berlinés: el Café Kerkau.
“El Café Kerkau se encontraba en la calle Friedrich 59/60, esquina con la calle Leipzig. En este lugar, el arquitecto Carl Schafer dirigió la construcción, entre 1887 y 1889, del llamado Palacio Equitable por el nombre de la Compañía neoyorkina de Seguros de Vida que le había hecho el encargo. El Café se encontraba en las plantas primera y segunda; pero, además, en la planta primera había un salón donde se podía bailar. En el Café, también se jugaba al billar”. Precisamente, el nombre del Café parece que responde al de Hugo Kerkau, campeón de billar.
Café Kerkau en 1900
 
 Durante muchos años, los aficionados berlineses tuvieron oportunidad de practicar en este local su pasatiempo favorito y no fueron pocos los torneos celebrados en sus salones en las dos primeras décadas del siglo XX. Los más conocidos maestros del momento también ofrecían, de vez en cuando, alguna exhibición de partidas simultáneas. A finales del mes de agosto de 1902, Pillsbury se había enfrentado, “a la ciega” y simultáneamente, contra 12 fuertes aficionados locales. Unos días antes, en el mismo local pero “a la vista”, el vigente campeón mundial se había anotado 14 victorias con 6 tablas y una sola derrota.

Después de su matrimonio, Lasker vivió un tiempo en un estado de ánimo cercano a la felicidad, aunque un tanto alejado del tablero. Hasta que… El club de ajedrez de San Petersburgo estaba planeando la organización, para la primavera de 1914, de un espléndido torneo que pretendía reunir a todos los maestros de la elite mundial. Lasker no quiso resistir a la tentadora oferta y aceptó la invitación. Su actuación se saldó con una de las más resonantes victorias de toda su carrera deportiva.
Concluida su estancia en San Petersburgo, Lasker regresó a Berlín, hacia donde también se dirigía Capablanca para ofrecer unas simultáneas (ver Recuadro 2).
El 28 de junio de 1914 se produjo el magnicidio de Sarajevo. Cuando estalló la I Guerra Mundial, Lasker se encontraba en Alemania y se vio obligado a permanecer allí por algún tiempo. El ambiente bélico domina todos los ambientes y el ajedrez desaparece del panorama habitual. No obstante, algunos buenos aficionados berlineses organizaron diferentes actividades para tener ocupados a los maestros que estaban en la retaguardia. Así sucedió que, en el Café Kerkau, Tarrasch y Mieses sostuvieron un encuentro amistoso terminado con la convincente victoria (+7-2=4) del primero. Este resultado animó a los amigos del doctor de Nüremberg a concertar un encuentro informal con Lasker, cuyos beneficios se harían llegar a las víctimas de la guerra.

Volvamos a entrar en el famoso Café Kerkau, pues allí se disputaron, en 1916, las seis partidas del enfrentamiento entre los viejos adversarios. La primera partida terminó en tablas; pero luego Tarrasch cosechó 5 derrotas consecutivas…

Pasaron los años. La Guerra se alargaba y el hambre hacía estragos entre los habitantes de aquel Berlín destrozado y en ruinas. Los maestros de ajedrez, que habían hecho del juego su medio de vida, no encontraban ahora la forma de cubrir sus más elementales necesidades. A pesar de las penurias, la Asociación Berlinesa de Ajedrez consiguió recursos suficientes para organizar dos torneos: en el primero participaron Vidmar (ganador), Tarrasch, Mieses y Schlechter. En el segundo, disputado cuando la guerra estaba a punto de terminar, resultó liderado por Lasker –que se acercaba a su 50 cumpleaños- por delante de Rubinstein, de Schlechter y de Tarrasch. Y, aunque no estuviera tan bien acondicionado como en otros tiempos, fue el Café Kerkau donde los maestros se “cobijaron” para jugar las partidas.
El armisticio se firmó el 11 de noviembre de 1918. “Berlín había sufrido como ninguna otra ciudad todos los horrores de la reciente masacre, y ahora presentaba un aspecto fantasmagórico. ……. Cuando comenzaba el año 1919, los habitantes de aquella ciudad derrotada conocieron el hambre y la miseria en sus más diversas formas”. (Lasker: el difícil camino hacia la gloria de M.A. Nepomuceno).
Al leer en un libro de Historia: “En un país donde empezaba a faltar casi todo, los sucedáneos se extendieron: el tabaco fue sustituido por una gama que iba desde las hojas secas de patata hasta la paja con hojas de tilo; el café por agua de bellotas con sacarina”… no pude menos de acordarme de Lasker. A pesar de las penurias, en Berlín, como en todas las grandes ciudades europeas, los lugares de reunión de intelectuales y artistas siguieron siendo, por supuesto, los cafés. En ellos también encontraron cobijo los maestros y aficionados del ajedrez. Recogemos la noticia de la celebración, en 1919, de un pequeño torneo a doble vuelta con la participación de Selesniev (ganador), Bogoljubow, Sämisch y Bardeleben, en el Café Kerkau. Pero este “templo” del ajedrez tuvo que cerrar sus puertas en enero de 1921: un banco iba a convertir el edificio en locales de oficina.

Al comienzo de los años veinte, Lasker trasladó su residencia a la Aschaffenburger Strasse, muy cerca del domicilio de los Einstein. Parece que ambos genios se encontraron por primera vez en la casa del amigo de Einstein, Alexander Moszkowski, probablemente en el otoño de 1918. El lugar más frecuentado por el campeón, en ese tiempo, fue sin duda el Café Romanische. Este famosísimo local se abrió en la segunda Casa Románica, en el lugar que hoy ocupa el Europa-Center, sucesor del restaurante del Hotel Kaiserhof.
Frecuentado en un principio por representantes de la política y la economía, tras la Primera Guerra Mundial el “Romanische” se convirtió en el café favorito para literatos y artistas de la época de la República de Weimar. En la galería de la primera planta, la crema de la sociedad berlinesa se acercaba para jugar con él. Y Lasker jugaba con todos… apostando, por supuesto, pues casi siempre tenía una imperiosa necesidad de conseguir dinero. Si el rival era demasiado débil, Lasker le concedía gustosamente un peón, un caballo o una torre de ventaja. Entre sus “clientes” se encontraban personajes sobresalientes del arte, la ciencia y las letras, como el dramaturgo y poeta Berthold Brecht, el director cinematográfico Geza von Cziffra, el productor Max Reinhardt; como también su amigo Albert Einstein, el premio Nobel Max Planck o Kart Tucholsky, periodista y escritor de ascendencia judía.
Café Romanische en 1930
Finalizado el match de la Habana y después de pasar por España, Lasker regresó a su casa dispuesto a tomarse un largo descanso que le permitiera recuperarse del cansancio y la decepción que le produjo su derrota ante Capablanca. Volvió a las matemáticas, a la filosofía y hasta a la escritura de un drama en verso que antes había empezado con la colaboración de su hermano.
El mundo del ajedrez mostró su satisfacción cuando se anunció la presencia del veterano ex campeón en la competición veraniega del año 1923 en Märisch-Ostrau (actual Ostrava, en la República Checa). Los abundantes premios proporcionados por los magnates del carbón atrajeron a todas las estrellas del momento, con la excepción de Capablanca y Alekhine. Lasker supo superar a todos ellos y, con un punto de ventaja sobre Ricardo Reti, se hizo con el primer premio. Más espectacular todavía fue su triunfo del año siguiente en Nueva York, donde, en un torneo a doble vuelta y frente a 10 competidores, superó por punto y medio a Capablanca y por ¡cuatro puntos! a Alekhine, el futuro campeón del mundo. Al regresar a Berlín era recibido con honores de héroe.
 
En la década de los 20, sólo una aparición más hizo el Dr. Lasker en la arena internacional. Fue en Moscú. Las autoridades soviéticas habían organizado, por primera vez desde la Revolución, un formidable torneo de 21 participantes, con el que pretendían “airear” sus logros y dar a conocer a sus figuras. El ucraniano Bogoljubow resultó ganador; pero Lasker cerró el paso a Capablanca, Marshall, Tartakower, etc para quedarse con el segundo puesto. Acababa el año 1925…
Café König

Entre el 11 y el 28 de octubre de 1928 se celebró en Berlín el “Eliteturnier”, seguramente el más famoso de cuantos torneos se realizaron en la época con el patrocinio de un periódico. Los premios se elevaban a 10.000 marcos alemanes. El organizador fue Mieses que consiguió reunir una selección de maestros (Capablanca, Nimzowitsch, Spielmann, Tartakower, Rubinstein, Reti y Marshall) de singular categoría.
La contienda se libraba en los salones del Café König. En su calidad de corresponsal de un periódico de Praga, Salomón Flohr visitó el torneo y dejó escrito cómo fue su encuentro con el famoso maestro alemán: “No conseguí ver al Dr. Lasker en el Café König. Por entonces no estaba muy interesado en el ajedrez, como le había sucedido ya en otras ocasiones. Sin embargo, unos días más tarde lo encontré en el Café Trumpf, si mal no recuerdo. Esperé pacientemente hasta las dos o tres de la madrugada y acompañé a Lasker hasta su casa junto con un grupo de sus amigos, que no eran compañeros del ajedrez sino de bridge”.

En los años 30, los lugares con actividad de ajedrez a diario eran el Café Victoria (Unter den Linden 46), el Moka-Efti (esquina Leipziger y Friedrichstrasse 24), y el restaurante Trumpf (Hotel Kempinski).
Según una noticia de prensa fechada en 15.03.1930, “la sede de la Asociación de Ajedrez de Berlín se traslada, del café Moka al Café Imperator, en la calle Friedrichstrasse, 66/67 donde existe una habitación elegante para jugar al ajedrez y una segunda para las cartas. La inauguración tuvo lugar el día 15 de marzo y, en esta ocasión, el doctor Lasker pronunció un discurso sobre la cultura del juego, haciendo hincapié en el ajedrez y el bridge”.
Café Victoria en los años 1930/40
 
Probablemente, los Lasker habrían planeado pasar el resto de su vida en Berlín. Pero el dramático desarrollo de los acontecimientos los obligó a tomar una decisión que jamás se habían planteado antes. En Alemania, el partido nazi resultó ganador de las elecciones y con la llegada de Hitler al poder comenzó la persecución de los opositores políticos… y de los judíos. En muy poco tiempo se vieron privados de sus propiedades y de sus derechos de ciudadanía, y no les quedó más salida que la del exilio.
Contaba más de 65 años y llevaba nueve retirado del ajedrez, cuando Lasker fue invitado a participar en un torneo que se iba a celebrar en Zurich entre el 14 y el 29 de julio de 1934. Tras su salida de la capital de Alemania para tomar parte en la competición suiza, Lasker no volvió a pisar sus calles ni, por supuesto, a entrar en sus cafés.
El día 11 de enero de 1941, el doctor Lasker moría en el Hospital del Monte Sinaí de la ciudad de Nueva York… Aquellos cafés berlineses que él visitó con asiduidad en otro tiempo, también perecieron poco después, destruidos por las bombas de la Segunda Guerra Mundial.


(Recuadro 1) En el Kaiserhof
 
En 1890, un torneo de la Asociación de Maestros Alemanes se celebró en los salones del Café Kaiserhof. Además de conocidos nombres del ajedrez alemán de la época, Lasker participaba junto a Berthold, su hermano mayor. En la partida que Emmanuel disputara con Curt von Bardeleben ocurrió un incidente desagradable: su adversario presentó una reclamación que no fue atendida por el juez de la contienda por estimar que no había lugar para la protesta. Indignado, Bardeleben abandonó el torneo; Minckwitz y Harmonist hicieron lo propio por solidaridad con su compañero. La prueba continuó y, al final, los hermanos Lasker compartieron el triunfo. La partida de desempate terminó en tablas y se repartieron los premios 1º y 2º. 

 
Los hermanos Emanuel y Bethold Lasker



 
(Recuadro 2) En el Café Kerkau
 
Las relaciones entre el Dr. Lasker y Capablanca se habían deteriorado considerablemente durante las primeras gestiones llevadas a cabo para realizar un encuentro con el título mundial en juego. De hecho, habían dejado de hablarse. Sin embargo, en el acto de clausura del Torneo de San Petersburgo 1914, su esposa pidió a Lasker que se reconciliara con el gran maestro cubano y, entonces, el triunfador del torneo se acercó a Capablanca, brindó por su salud y le estrechó la mano.
Dos meses más tarde, se volvieron a encontrar, esta vez en Berlín y, en el Café Kerkau, se entretuvieron jugando una serie de diez partidas rápidas.
 
La posición a la que llegaron en una de ellas (ver diagrama) fue luego publicada por el Dr. Lasker en el Vossische Zeitung, donde escribía con cierta regularidad.


 
1.¤xc7 ¤xc7 2.¦a8+! ¤xa8
[2...¢xa8 3.¢xc7 ¢a7 4.¢c6;
2...¢b7 3.¦a7+ ¢xa7 4.¢xc7 ¢a8 5.¢xb6 ¢b8 6.¢a6 etc.]

3.¢c8 y ganan.

Este fue el comienzo de una gran amistad y respeto mutuo que duró toda la vida.

 
(Recuadro 3) En el Café Romanische
Aquella tarde, su adversario era Max Plank (Premio Nobel de Física 1918) que, como de costumbre, ya acumulaba una serie de derrotas; pero la partida del momento presentaba un panorama poco frecuente pues era bien visible la ventaja de Plank. Además, Lasker parecía desganado, como si le hubieran abandonado sus cualidades de luchador incansable. Sin embargo, el ex campeón (Capablanca le había arrebatado el título tras el encuentro de La Habana: 15 marzo-28 abril 1921) tenía un plan que estaba desarrollando en connivencia con su amigo Albert Einstein. Este, que observaba la partida delante del tablero, se había agachado debajo de la mesa y, sin que Plank lo advirtiera, había atado entre sí los cordones de sus botas. Terminado su trabajo, con un guiño del ojo advirtió a Lasker que ya podía abandonar la partida. El ex campeón tendió la mano a su adversario y Max Plank, exultante de gozo, a la vez que gritaba “¡He ganado!”, se incorporó de la silla, perdió el equilibrio y se cayó sobre la mesa ante la divertida mirada de los concurrentes.

Max Plank y Albert Einstein, dos "clientes" de Lasker

1 de mayo de 2008

Retaguardias de Lujo


Julián Alonso Martín

Jaque 621 

Creo que fue el general Rojo, probablemente la cabeza “mejor amueblada” del ejército republicano durante la Guerra Civil española, quien dijo que “las guerras se ganan en la retaguardia”. Yo no sé si los rusos rechazaron y después derrotaron a los alemanes en la II Guerra Mundial gracias a la tarea desempeñada por su retaguardia. Lo que sí sé es que el ajedrez soviético prestó un gran servicio a los ejércitos de su país actuando en las líneas alejadas de los frentes de batalla.

Cientos de miles de jugadores –según Grekov- fueron inmediatamente movilizados en las fechas que siguieron a la invasión alemana. En junio de 1941, se estaba disputando en Rostov del Don una de las cuatro semifinales programadas para seleccionar a los participantes en el que debería haber sido el XIII Campeonato Absoluto de la URSS. La tarde en la que se disputaba la 9ª ronda, la esposa de Ilyin-Genevsky entró en la sala de juego y, muy agitada, informó a los presentes: “En la radio están diciendo que los alemanes han atacado a la Unión Soviética”. Sólo faltaba disputar la 10ª ronda... Pero, al día siguiente, 23 de junio, varios de los participantes recibieron la orden de incorporarse a los centros de reclutamiento. Pocos días más tarde, Genrik Kasparian se encontraba ya en Crimea participando en las más duras batallas.



Todos los varones nacidos entre 1905 y 1918 fueron llamados a prestar su ayuda para la defensa de la patria. Los jugadores de ajedrez, desde los principiantes hasta los maestros, sirvieron a su país en tiempo de guerra de muy diferentes maneras: en los frentes de batalla y en la retaguardia, en las fábricas, en los talleres y en los laboratorios... Alexander Chistyakov, que tenía el título de Maestro del Deporte desde 1938, luchó en Crimea, enrolado en un batallón de zapadores. A Pavel Kondratiev le correspondió prestar servicios en un torpedero. Por su parte, Josif Pogrebissky se unió al cuerpo de Caballería y recorrió, luchando, el camino desde Stalingrado a Berlín. Cuando comenzó la guerra, este maestro de Kiev era un civil que hablaba diez idiomas y tenía escritos algunos libros sobre temas de mecánica; a su regreso había alcanzado el grado de comandante. Y el de capitán de navío, Grigory Goldberg (1908-1976) que fue “segundo” de Botwinnik en su match con Smyslov de 1958.

Con 18 años, Semyon Furman comenzó a trabajar como ajustador en una fábrica de Leningrado; en 1941, fue evacuado de la ciudad sitiada y desplazado a Kazan donde se había instalado la fábrica.

Botwinnik, que ya era un “privilegiado”, prestó no obstante sus conocimientos de ingeniería para inspeccionar la producción eléctrica en los Urales.

Por su parte, Alexander Kotov se quedó en Moscú. Estuvo trabajando para la oficina de proyectos en una fábrica de material de guerra, donde llegó a ocupar el cargo de ingeniero-jefe. Después de muchos meses de estudio, duro trabajo e investigación, consiguió construir un lanzagranadas que fue rápida y provechosamente utilizado en aquella guerra. Por este logro, Kotov recibió una condecoración (la Orden de Lenin) que le fue entregada en una ceremonia celebrada en el Kremlin a mediados de 1944.
Sergey Belavenetz,
primera víctima mortal entre los maestros
 
Como otros sectores de la población civil, los ajedrecistas conocieron los horrores de la guerra, padecieron el dolor, las heridas y la muerte. Belavenetz que había sido campeón de Moscú 1937-38 y participó en la mencionada semifinal de Rostov del Don, resultó la primera víctima mortal entre los maestros. Mark Stolberg, el más joven de los participantes en la misma semifinal, también cayó en el frente, cerca de Novosibirsk, cuando sólo contaba 20 años y ya se le auguraba un prometedor futuro. El 4 de septiembre de 1941 comenzaba el asedio de Leningrado: novecientos días estuvo la ciudad sitiada. Los compositores Alexey Troitzky y Leonid Kubbel, murieron durante ese tiempo. Nikolai Riumin e Ilya Rabinovich, aunque consiguieron salir de la ciudad cercada, murieron poco después. Se dijo también –hoy parece comprobado-que Ilyin-Genevsky había fallecido a consecuencia de una bomba que soltó un avión alemán sobre la barca ocupada por un grupo de leningradenses que huían de la ciudad amenazada atravesando el lago Ladoga.


Mucho más numerosos fueron los heridos. Ellos merecen especial consideración en estas notas... Porque, retirados del frente de batalla a causa de sus heridas o enfermedades, siguieron prestando servicios de muy variada naturaleza a su país, aunque siempre con sus esfuerzos dirigidos contra el invasor alemán. Y, terminada la guerra, sirvieron a la causa del ajedrez enseñando los rudimentos del juego a otros, haciendo de preparadores de los más dotados o entrenadores de los que ya eran figuras destacadas, escribiendo libros, trabajando y analizando el juego formando su acervo teórico….

En octubre de 1941, Vasily Byvshev resultó gravemente herido en la defensa de Moscú. Años más tarde se convirtió en un prominente entrenador de Leningrado.

Chystiakov, pianista de profesión al que ya hemos mencionado, enseñó ajedrez después de la Guerra a los más jóvenes del Palacio de los Pioneros de Moscú.

Una alumna de Pavel Kondratiev, Irina Levitina, disputó a Maya Chiburdanidze el título femenino mundial en 1984.

Algunos de aquellos heridos consiguieron luego un cierto renombre en diferentes ámbitos de nuestro juego. Yacob Neistadt, mandaba, con poco más de dieciocho años, un pelotón de fusileros y, al terminar la guerra, regresó a casa herido y enfermo de tuberculosis. Trabajó como editor de “El Ajedrez en la URSS” y luego como redactor-jefe de “64”. Prolífico autor, a Occidente han llegado varios de sus cuidados libros. (Sosonko le dedica un capítulo en su última -por ahora- publicación: “Smart Chip from St. Petersburg”).



El bielorruso, nacido en Minsk, Gavriil Veresov (1912-79) también cayó herido en el frente de batalla y alcanzó el grado de capitán. De regreso a su ciudad, una vez terminada la guerra, resultó elegido por el pueblo para el Soviet Supremo de la República. Luego ocupó un alto cargo en la Sociedad Bielorrusa para las Relaciones Culturales con los Países Extranjeros y estuvo al frente de la Sección de Ajedrez, realizando un buen trabajo para popularizar el juego en los pueblos y ciudades de la república.

La opinión de Bronstein: “Debe usted saber que Veresov era anti-semita; vivía en Minsk y era un auténtico enemigo de Isaac Boleslavsky”, me dejó un tanto sorprendido… pero así queda recogido en “The Sorcerer´s Apprentice” del genio recientemente fallecido.

Pyotr Dubinin (1909-83) llevó en su mochila un libro de ajedrez durante todo el tiempo que estuvo luchando en el frente del Oeste. Su comportamiento militar mereció numerosas condecoraciones. Sufrió la congelación de ambas piernas y, después de una grave “neurosis de guerra”, fue enviado a la retaguardia con el grado de comandante.

Había nacido en Varsovia en el seno de una familia que formaban Vasily Dubinin, obrero metalúrgico, y María Leontevna, de nacionalidad polaca. Poco después del comienzo de la Primera Guerra Mundial, la familia se trasladó a Nijni Novgorod, una de las más grandes ciudades rusas, al Este de Moscú y en la confluencia de los ríos Volga y Oka. Cansado por la constante búsqueda de trabajo y de la dura lucha para obtener medios de subsistencia, el padre murió de agotamiento en 1921, en plena guerra civil. Así que el joven Pyotr, con sólo 14 años, se vio obligado a colocarse como cargador de los muelles para ayudar al sostenimiento de la familia.

Los trabajadores que montaban un puente para cruzar el río Oka solían reunirse por las tardes en un club de la ciudad y se entretenían leyendo periódicos o jugando al ajedrez. En ese lugar se presentó un día el joven cargador y pronto empezó a destacar hasta el punto que sus amigos lo conocían como “nuestro campeón”.

En 1932, la ciudad cambió de nombre y pasó a llamarse Gorki en memoria del famoso novelista que allí había nacido en 1862. Los soviéticos convirtieron la ciudad en un gran centro industrial montando una factoría gigante de automóviles que fue durante algún tiempo (1941) la única fuente de suministro de coches y camiones para el Ejército Rojo y no detuvo su trabajo a pesar de de las incursiones de la aviación nazi.

Con 23 años, P. Dubinin comienza a prestar servicios en el ejército y, participando en sus competiciones, tiene oportunidad de mejorar mucho su juego. En 1934, se encuentra con el éxito: representando a Gorki, participa en el campeonato de la Federación Rusa y se clasifica en el segundo lugar –detrás de Belavenetz- sin perder partida. Cuando está próxima la terminación del año, se encuentra en Leningrado disputando la final del IX Campeonato de la URSS; su pobre clasificación (18º/19º entre 20 jugadores) no deslució, sin embargo, sus triunfos sobre I. Rabinovich (1º/2º clasificado), Lisitsyn, Ragozin, Chekover e Ilyin-Genevsky.

Dubinin, P. - Petrov, N.

Rostov del Don, 1936

(Los comentarios son del ganador)



1.e4 e6 2.d4 d5 3.¤c3 dxe4


Una defensa muy pasiva que da al Negro un juego muy apretado y con oportunidades de ganar reducidas al mínimo.


4.¤xe4 ¤d7 5.¤f3 ¤gf6 6.¤g3 c5 7.dxc5 ¥xc5 8.¥d3 £b6


Esto incrementa las dificultades de las negras. Era mejor 8...0–0 seguido de ...b6 y ...¥b7, con una partida relativamente satisfactoria.


9.0–0 0–0 10.£e2 ¦e8 11.c3 ¤f8


Preferible hubiera sido reconocer que su octavo movimiento había constituido un error, jugando ahora 11...£c7 y luego ...b6.


12.¤e5 ¤g6 13.¥xg6!


Este inesperado movimiento comienza un ingenioso ataque en el ala de Rey. El elemento más importante en eta acción será el avance del PTR.


13...hxg6 14.h4


Este ataque tiene más mordiente de lo que parece a primera vista.


14...£c7 15.h5 gxh5 16.¤xh5 ¤h7
El Negro retira su Caballo para evitar el debilitamiento su enroque en caso de ser cambiado; pero pasa por alto la combinación que viene ahora.


17.¤xg7!!


El sacrificio de Caballo es muy interesante pues aunque el Blanco no ha terminado su desarrollo, las negras son incapaces de conseguir una defensa satisfactoria. Una serie de golpes enérgicos se le viene encima hasta que su rendición es forzada.


17...¢xg7 18.£h5 ¥f8


La amenaza es: 19.¥h6+ ¢f6 (19...¢h8 20.¤xf7+) 20.£h4+ ¢xe5 21.¥f4+ y gana.; Si 18...¢g8 19.¦e1! ¦e7 (19...¦d8 20.¥h6 ¥f8 21.¦e3 con ataque ganador) 20.£g4+ ¢h8 21.¥h6.


19.¦e1 ¢g8 20.¦e3 ¦e7 21.¦g3+ ¥g7 22.¦xg7+!


De nuevo un sacrificio en g7.


22...¢xg7 23.¥h6+ ¢h8
24.¦d1! ¤f6


Resulta evidente que la situación de las negras es desesperada. En caso de 24...£xe5, 25.¦d8+ es definitiva. Contra 24...¥d7 es suficiente 25.¤xf7+ ¦xf7 (25...¢g8 26.£g6#) 26.£xf7 y todo se acabó.


25.¥g7+!


¡Tercer sacrificio en la misma casilla! Esto se está convirtiendo en una costumbre.


25...¢xg7 26.£g5+ ¢h8


Si 26...¢h7 27.¦d3; mientras que 26...¢f8 se responde con 27.£xf6 a6 (no) y no hay defensa contra 28.¤g6+.


27.£xf6+ ¢g8 28.¦d3 Se rinden.
[Event "J621 Rostov on Don"] [Site "Rostov on Don"] [Date "1936.??.??"] [Round "?"] [White "Dubinin, Peter Vasilievich"] [Black "Petrov, V."] [Result "1-0"] [ECO "C10"] [PlyCount "55"] [EventDate "1936.??.??"] [EventType "game"] [EventCountry "URS"] [Source "ChessBase"] [SourceDate "2013.11.20"] 1. e4 e6 2. d4 d5 3. Nc3 dxe4 4. Nxe4 Nd7 5. Nf3 Ngf6 6. Ng3 c5 7. dxc5 Bxc5 8. Bd3 Qb6 (8... O-O) 9. O-O O-O 10. Qe2 Re8 11. c3 Nf8 (11... Qc7 ) 12. Ne5 Ng6 13. Bxg6 $1 hxg6 14. h4 Qc7 15. h5 gxh5 16. Nxh5 Nh7 {Diagrama [#]} 17. Nxg7 $3 Kxg7 18. Qh5 Bf8 (18... Kg8 19. Re1 $1 Re7 (19... Rd8 20. Bh6 Bf8 21. Re3) 20. Qg4+ Kh8 21. Bh6) 19. Re1 Kg8 20. Re3 Re7 21. Rg3+ Bg7 22. Rxg7+ $1 Kxg7 23. Bh6+ Kh8 {Diagrama [#]} 24. Rd1 $1 Nf6 (24... Bd7 25. Nxf7+ Rxf7 26. Qxf7) 25. Bg7+ $1 (25. Rf1) 25... Kxg7 26. Qg5+ Kh8 (26... Kh7 27. Rd3 ) (26... Kf8 27. Qxf6) 27. Qxf6+ Kg8 28. Rd3 1-0

Seguimos hablando de Dubinin…Con más de 190 cm de estatura y más de 110 kilos de peso, su presencia física le hizo merecedor del título de “Hércules del Volga”. Escribe Kotov en sus “Apuntes de un ajedrecista” que “era blando de carácter y, de ordinario, solía andar con miedo por la escena donde se celebraban los torneos, como si temiera aplastar a algún jugador, particularmente a los de escasa estatura como Belavenetz o yo.”


 
Mejores fueron sus clasificaciones (8º lugar) en el XI Campeonato de la URSS (1939) y en el XII (1940). (Recordemos que el siguiente campeonato -el XIII- no pudo celebrarse hasta 1944 por causa de la guerra). Dubinin estaba jugando la semifinal de Rostov del Don que hemos mencionado al principio cuando, en junio de 1941, los alemanes invadieron el territorio de la URSS… Y cuando, junto a su batallón, participaba en el ataque a la ciudad de Könisberg, a orillas del mar Báltico, recibió una invitación para las semifinales del XIV campeonato soviético. El asalto comenzó el 8 de abril de 1945 y, dos días más tarde, la ciudad ya estaba en poder de los rusos; en 1946 pasó a llamarse Kaliningrado.

Después de la guerra Pyotr Dubinin se estableció en Gorki donde trabajó activamente para popularizar el ajedrez entre los trabajadores de la gran factoría automovilística. Pero no vemos su nombre en ningún otro Campeonato Absoluto de la URSS. Sin embargo, tenemos que reseñar un hecho curioso relacionado, todavía, con su participación en el juego ante el tablero. En dos años consecutivos, 1948 y 49, obtiene dos Premios de Belleza por partidas ganadas al mismo adversario (Novotelnov) y en la misma competición (Campeonato de la Federación Rusa).

Unos años más tarde se sintió atraído por el juego a través del correo obteniendo, muy pronto, excelentes resultados. Sus conocimientos de la teoría y la profundidad de los análisis que era capaz de conseguir, fueron la base de aquellos triunfos. En el II (1952-55), III (1955-57) y IV (1957-60) campeonatos de la URSS ocupó siempre la 2ª posición de la tabla. Y en el III Campeonato del Mundo (1959-62) también consiguió la medalla de plata al colocarse tras Alberic O’Kelly que resultó triunfador. Justo premio a sus resultados fue el título de GM de la ICCF. (En 1950 también había recibido el de MI de la FIDE).
Duz-Hotimirsky
Estas anotaciones quedarían incompletas si no hiciera referencia en ellas a la colaboración que los ajedrecistas prestaron en la retaguardia para mantener la moral de los combatientes heridos que llenaban los centros sanitarios…. 
 

Así lo explica Kotov: “Los maestros que se quedaron en la capital realizaron una gran labor en los hospitales, fuera de las horas de su servicio fundamental. Visitaron regularmente a los heridos, les dieron conferencias y jugaron con ellos partidas simultáneas. Yo también estuve varias veces en los hospitales de Moscú, hablé de ajedrez a los heridos y les di una sesión de simultáneas”. En 1943, cuando Yuri Averbach, que sólo contaba entonces 23 años, expresó su extrañeza porque el maestro Alatorzev hubiera cedido unas tablas ante un Héroe de la Unión Soviética durante la exhibición de simultáneas que había ofrecido en el Hospital Central de la Aviación, el interpelado contestó: “Mi misión no es derrotarlos a todos y cada uno sino fortalecer su interés por el ajedrez”. Y es que, para acrecentar la moral de los combatientes se había creado un grupo de voluntarios ajedrecistas (la llamada “brigada de Moscú”) que realizó más de 2.400 visitas a los hospitales, cuarteles y bases aéreas, ofreciendo simultáneas, conferencias y lecciones a los heridos procedentes de las zonas más castigadas por los combates.

 
Componían esta brigada moscovita los maestros Alatorzev, Duz-Hotimirsky, Panov, Udovic y Zubarev. La idea parece que fue del primero de los citados: Alatorzev entró en contacto con su amigo Boris Weinstein quien, a su vez, habló sobre el asunto con Zubarev y Udovich. Las buenas relaciones que mantenía B. Weinstein en las altas esferas de la política le permitieron obtener el decisivo apoyo y el soporte económico necesario para su plan: el ajedrez era una forma de cultura de gran utilidad en los hospitales, escuelas militares y otros lugares donde se estuvieran formando unidades del ejército.

Con la misma idea, en los hospitales de Sverdlovsk se ofrecieron en un solo año 61 conferencias y 188 exhibiciones de simultáneas. Aproximadamente 8.000 pacientes se beneficiaron con estas manifestaciones del ajedrez.

Alexander Tolush, dispensado del servicio obligatorio, se ofreció como voluntario. Participando en acciones de guerra hizo un largo recorrido desde Leningrado hasta territorio alemán, resultó herido y consiguió su nombramiento de teniente. 
A. Tolush, en uniforme del ejercito, ofreciendo unas simultaneas en un sótano del Leningrado sitiado.
 
Debemos decir también que las competiciones a todos los niveles apenas se interrumpieron. (Siempre es necesario “cuidar al cuidador”…). En abril de 1942, un torneo organizado en Sverdlovsk (antigua Ekaterimburgo, en el sudeste de Ucrania) se terminó con la victoria del Teniente Ragozin.

Con el hambre y el frío castigando duramente a los agotados habitantes de la ciudad sitiada, un campeonato de Leningrado, organizado por Abram Model, empezó a disputarse en diciembre de 1941. Diferentes rondas de la competición se desarrollaron en los hospitales de la gran urbe; de esta forma, los jugadores tuvieron la gran suerte de poder disfrutar de una comida mejor de lo habitual, en los centros sanitarios. Abram Model (1895-1976), además de asumir la tarea de organizar la vida ajedrecística, se encargó de la evacuación de ¡casi 15.000 niños! y transportarlos fuera de la ciudad asediada. Cuando, en enero de 1942, se hizo necesario evacuar a muchos enfermos y heridos, el mismo Model iba de jefe del tren que se dirigía a Ivanovo, una gran ciudad al noroeste de Moscú. Entre los evacuados que viajaban en ese tren se encontraba el famoso compositor de estudios y finales, Vitaly Chejover (1908-1965) quien, al parecer, sufría una grave enfermedad neuromuscular. Ingresado en un hospital empezó a mejorar tan rápidamente que, en marzo, se sintió con fuerzas para dar una sesión de simultáneas a los Jóvenes Pioneros.

En los meses de noviembre y diciembre de 1941, cuando la ofensiva de los ejércitos alemanes sobre la capital adquirió su máxima intensidad, el tradicional torneo-campeonato de Moscú se celebró, no obstante, como estaba programado. El maestro Alatorzev se ocupó de la organización. Ocho jugadores enfrentados a doble vuelta, tomaron parte en la competición. Las partidas tuvieron que jugarse en diferentes locales y en condiciones precarias, como puede suponerse. Al final, Isaak Mazel (o Maisel), un teniente del Ejército Rojo se alzó con la victoria. De inmediato tuvo que salir para el frente; en 1943, murió en el campo de batalla.



No será necesario mencionar otros nombres… Con los citados debe ser suficiente para comprender y valorar la tarea que llevaron a cabo unos hombres a los que, si antes admiramos por su juego sobre el tablero escaqueado, ahora, al conocer la formidable obra que realizaron fuera de él, no podemos regatearles los elogios que merecen .