Julián Alonso Martín
(JAQUE 19 )
Los árabes, que tomaron el ajedrez de los persas,
se convirtieron muy pronto en apasionados del juego. Todas las clases
sociales lo practicaban con deleite. Los califas, además de mover
los trebejos, patrocinaban la estancia en la corte de los más
afamados jugadores de la época. Las princesas también tomaban parte
en la diversión, si bien no parece que fuera notable la calidad de
sus movimientos: ¡ellas tenían otras “armas” para vencer en el
juego!.
Ajedrez
de leyenda
En esta
ciudad de Sevilla donde resido, se terminó de componer el Libro
de los juegos de Ajedrez, Dados y Tablas, hacia el año 1283. Los
colaboradores de Alfonso X el Sabio, llegaron a copiar hasta cuatro
veces (según afirmaba Ricardo Calvo) el más famoso problema
medieval de procedencia árabe y autor desconocido, llamado “mansuba
al-yariya” que quiere decir “de la doncella”. Su
nombre nos recuerda a la princesa Dilaram que –la
leyenda ha querido- aparece como la protagonista del suceso. Al
parecer, esta hermosa criatura era la favorita de Murwardi, un gran
visir pero mediocre jugador de ajedrez. Su apasionamiento por el
juego, sin embargo, debía superar con creces al que le inspiraba su
bella amante pues de otra forma no se explica que, en una tarde
desafortunada y habiendo perdido ya la totalidad de sus riquezas y
posesiones, se decidiera a apostar a la misma princesa para saldar la
deuda de juego si resultaba derrotado.
....Después de algunos lances, la posición del visir había
empeorado visiblemente. La princesa, que presenciaba el juego, se
apercibió pronto de la delicada situación de la partida: su “dueño”
estaba dispuesto a abandonar...
De
repente los ojos de Dilaram brillaron como centellas y su rostro se
iluminó de alegría: ¡había descubierto una secuencia de mate
digna del mismísimo As-Suli! (ver recuadro) Se acercó discretamente
a la alfombrilla sobre la que los varones jugaban y susurró al oído
del visir: “Sacrifica tus torres
pero no me sacrifiques a mí”.
Murwardi comprendió, en
principio, la sugerencia de la princesa: entregó la primera Torre en
h8 y, después de que el Rey negro se la hubiera comido, llevó
su elefante de h3 a f5 (pues esta era la manera de
desplazarse de aquella pieza, hoy desaparecida) dando jaque con la
segunda Torre que estaba en h1. Al desplazarse el Rey rival a
g8, el visir entregó su segunda Torre en la misma casilla
h8... y, de nuevo, el monarca rival se vio obligado a tomarla.
Murwardi había ya cumplido con las indicaciones de la princesa; pero
¿dónde estaba el mate? La verdad es que tuvo que cavilar bien poco,
tan evidente era su realidad: avanzó el peón a g7 y ante la
obligada retirada a g8 del Rey enemigo, el salto de Caballo a
h6 le dio el triunfo y la alegría de seguir disfrutando de
Dilaram, cuyo nombre significa -nada menos- reposo del corazón.
As-Suli
(h.902 – 946)
Notable ajedrecista árabe que, según parece, era descendiente de un
príncipe turco. Fue el teórico más importante de su tiempo, además
de jugador de primera fila y vencedor del famoso Al-Mawardi, favorito
del califa. Las ideas de As-Suli y la belleza de los juegos que
desplegaba recibieron el aplauso y la admiración de cuantos le
conocieron. De él se cuenta la siguiente anécdota:
Paseaba un día el califa por los hermosos jardines de su
palacio y preguntó a los que le acompañaban si habían visto alguna
vez una cosa tan bella. Cuando le respondieron que no, él les dijo:
-Pues todavía es más hermoso contemplar a As-Suli jugando al
ajedrez-.
Como compositor dejó muchas obras (mansubas) de gran valor
artístico. Lo que acabamos de ver es, muy probablemente,
fruto de su ingenio.
A finales del siglo XV se produjo una
gran “revolución” en la forma de jugar consecuencia de la
aparición sobre el tablero de una nueva figura de enorme agilidad en
sus desplazamientos. La Reina sustituyó a aquel elefante (o
vizir) de torpes movimientos y se convirtió en la pieza más
activa del juego. Y si una dama (princesa) fue la inspiradora
del primer doble sacrificio de Torres que conocemos por la leyenda
medieval, otra dama (ahora reina) será la principal ejecutora
de la acción letal contra el monarca adversario, en el juego
moderno. En la siguiente partida encontramos una secuencia de jugadas
que mucho recuerda a las indicaciones de Dilaram.
Wockenfuss - Lingnau
Bad
Wörishofen, 1992
Las
negras acaban de mover 24...£e6?
sin
valorar suficientemente las posibilidades del adversario a través de
la columna h.
Los
jugadores modernos conocen bien el procedimiento aplicable en tales
casos... Así que:
25.¦h8+!
¥xh8
3.¦xh8+ ¢xh8 4.£h6+ ¢g8 5.¤g5
El
conductor de las negras no quiso más explicaciones y se rindió.
La
lección magistral sobre la forma de proceder para llegar a una
conclusión de este tipo, la había “pronunciado” el admirado
Kurt Richter (1900-1969) en la Olimpiada de Hamburgo, venciendo al
representante de Lituania en una partida que mereció el honor de
compartir el segundo y tercer premio de entre las mejores
realizaciones de aquella competición.
K. Richter -
Abramavicius
III
Olimpiada. Hamburgo, 1930
1.d4
d5 2.¤c3 ¤f6 3.¥g5 e6 4.e4 dxe4 5.¤xe4 ¥e7 6.¥xf6 ¥xf6 7.¤f3
¤d7 8.¥d3 0–0 9.£e2 c5 10.0–0–0
Además
de retirar a su Rey del centro, amenaza abrir la columna d,
en favor de la Torre.
10...cxd4
11.g4! g6 12.h4 ¥g7 13.h5 ¦e8 14.hxg6 hxg6 15.g5!
En
muy pocas jugadas Richter ha montado un ataque formidable en el
flanco de Rey. Con la columna h
abierta, ahora se ha preparado un apoyo magnífico para los puntos de
"acceso" f6
y h6.
15...e5
16.¦h4 ¤f8 17.¦dh1 ¥f5 18.£f1!
Las
blancas ya están "viendo" el espectacular paseo que pueden
realizar por la columna abierta. Su adversario no encuentra la mejor
respuesta...
18...¦c8?
Así
que...
19.¦h8+!!
¥xh8
20.¦xh8+ ¢xh8 21.£h1+ ¤h7
Tampoco
servía 21...¢g8 22.¤f6+ £xf6 23.gxf6 ¥xd3 24.£h6 ¤e6 25.¤g5!
y no se podrá evitar el mate.
22.¤f6
¢g7 23.£h6+ ¢h8 24.£xh7 mate
Una ojeada a la siguiente posición nos
convence enseguida de las posibilidades que el bando negro tiene de
reeditar la brillantez que ya conocemos.
Manov - Hairabedian
Bulgaria,
1962
Corresponde
jugar a las negras:
1...¥e2!
Formidable
idea de sacrificio para despejar la columna h,
camino de las piezas pesadas negras hacia el triunfo.
2.¤xe2
Despues
de 2.£xb7+ £xb7 3.¦xb7+ ¢xb7 4.¦b1+ ¢c8 5.¤xe2 las negras
estarían perdidas. Ahora las blancas pueden anunciar mate en 6, con
el sacrificio previo de ambas Torres.
2...¦h8+
3.¢g1 ¦h1+ 4.¢xh1 ¦h8+ 5.¢g1 ¦h1+ 6.¢xh1 £h8+ 7.¢g1 £h2
mate.
También en el
siguiente caso, la columna abierta es el camino que seguirán las
Torres para “ofrecerse” al Rey adversario. Pero la tarea del
conductor de las blancas es aquí un poco más complicada, por las
defensas que rodean al monarca.
Kostev - Bogdanovic
Belgrado,
1954
1.¦h8+!!
¥xh8
En
caso de 1...¢xh8 , después de 2.¥xf7 y 3.¦h1, a las negras solo
le queda esperar el mate.
2.£xg6+
¥g7 3.£xf7+ ¢h8 4.¦h1+ ¤h7 5.¦xh7+!
Aquí
llega el segundo sacrificio de Torre sobre la misma columna.
5...¢xh7
6.£f5+ ¢h8 7.£h5+ ¥h6+ 8.£xh6 mate.
"¡Sacrifica
tus torres...!”
El doble sacrificio de Torres presenta múltiples variantes en la
partida de
ajedrez. Sin duda los más famosos reproducen la idea de la partida
informal Anderssen – Kieseritzky, del año 1851, conocida como La
Inmortal. Nos proponemos mostrar otros tipos no menos
espectaculares y que responden a modelos bien diferentes en las
formas de hacer la ofrenda. Allí las Torres se abandonaban al
apetito adversario para distraer la atención de sus piezas del foco
de la lucha. Si las Torres tenían entonces una “actitud pasiva”,
en nuestros próximos casos se podrán ver Torres muy activas, más
aún “provocativas”, y cuya función kamikaze generalmente
no puede ser rechazada. Tampoco irán a su holocausto por la columna
abierta del extremo del tablero. La secuencia con que se desarrollan
los acontecimientos recuerda, sin embargo, el planteamiento que
Dilaram hiciera a su amado: las Torres se entregan para abrir paso a
la Dama encargada de rematar la faena. Vamos a utilizar la siguiente
posición para ilustrar lo atractivo que resulta el grito de la
princesa. Tanto que, a veces, produce alucinaciones...
Ribli - Walls
Camp.Equipos
Austria, 1998
Aunque
desconozco cual fuera la última jugada del bando negro: 1....
? que
diera lugar a la posición del diagrama, si no estoy equivocado, el
conductor de las blancas ofreció aquí un doble sacrificio de sus
Torres....
2.¦xh6+
gxh6 3.¦xh6+ ¢xh6
...para
que la Dama entrase por retaguardia con la carga mortal (¿?).
4.£h8+
Entonces,
las negras –quizás jugaron precipitadamente- cometen un terrible
error.
4....¦h7??
y
su adversario recibe un premio que no merecía:
5.£f6+
¢h5 6.£g5 mate
En
lo que acabamos de ver, las blancas actúan como si hubieran sufrido
un espejismo. Están mejor; pero así no se gana. La auténtica
combinación ganadora comienza con la entrega de la misma Torre...
pero en otra casilla: 2.¦xg7+! ¦xg7 3.£xf5+,etc.
El
error en su 4 movimiento hace perder al bando Negro. Después de
4...¢g6 , las blancas no podrían alcanzar su objetivo y, tras
algunos jaques, tendrían que abandonar.
Para quien
dirige uno de los bandos en una partida de ajedrez, el doble
sacrificio de sus Torres representa una “inversión” de
considerables proporciones. Y, al igual que en Economía, se espera
obtener con ella una gran rentabilidad. La optimización del
resultado exige que, al final de la operación, la captura del
monarca enemigo sea una realidad. La forma en que se decidió la
siguiente partida no puede menos de causar admiración...
Wheeler
- Hall
Inglaterra,
1964
Es
cierto que las negras, a las que corresponde jugar, tienen en b3 un
peligroso "clavo" incrustado en la posición adversaria
y que sus piezas dominan líneas importantes. Pero no es fácil
imaginar la manera tan brillante con la que doblegaron la resistencia
del rival.
1...¦c1+!! Un
espectacular sacrificio
2.£xc1
¦xa3+! 3.¢b1 Si
3.bxa3 £a2#
3...¦a1+! La
segunda Torre insiste. Y después de la obligada
4.¢xa1 la
Dama entra en acción y cobra el dividendo.
4...£a8+
5.¢b1 £a2 mate.
No menos
espectacular resulta la terminación de la siguiente partida. Su
ganador es un hombre injustamente olvidado en nuestro tiempo. Sin
embargo, Oldrich Duras (1882-1957) fue no solamente un formidable
jugador de torneos sino también un exitoso compositor de estudios
sobre Finales. En 1950 la FIDE le concedió, -junto a otros 24
grandes jugadores de nombre más “sonoro”-,
el título de GM antes de que se establecieran las normas que regulan
su consecución. En el tiempo en que disputó el juego que vamos a
mostrarles, contaba solamente 16 años...
Ulk (o
Vik) - Duras
Praga,
1899
1...£g4
Amenaza,
evidentemente, la Torre de h5 y prepara algo mucho más escondido en
el otro flanco.
2.£h1?
No
deja de resultar curioso comprobar cómo la jugada del texto, que
contiene una clara amenaza de mate, es en realidad un grave error;
pues faculta al adversario para poder asestar los golpes que
conducirán hasta el patíbulo al Rey de las blancas. No vamos a
analizarla, pero parece que la mejor respuesta habría sido 2.£e1 .
Claro que es difícil imaginar una combinación tan bien engarzada
como la que el joven Duras había preparado para la ocasión.
2...¦b1+!!
3.¢xb1 Después
de 3.¢d2 , las negras habrían rematado brillantemente con
3...¦xf2+! 4.¥xf2 ¥c3+! 5.¢e3 d4#
3...¦b6+!
4.¢c1
Si
hubieran aceptado el sacrificio de Torre, jugando 4.¥xb6 , el Rey de
las blancas habría terminado antes su resistencia: 4...£b4+ 5.¢c1
¥b2+ 6.¢b1 ¥a3+ 7.¢a1 £b2#
4...¥b2+
5.¢d2 La
alternativa 5.¢b1 acorta el proceso.
5...¥c3+!
6.¢c1 Está
claro. Si 6.¢xc3 , la sentencia es 6...£b4#
6...¦b1+! La
Torre insiste en sacrificarse por la causa.
7.¢xb1
£b4+ 8.¢c1 £b2 mate.
Para rematar este recorrido traemos
ahora una terminación de partida que ha hecho célebre –yo creo-
Kurt Richter al incorporarla
a uno de sus libros. El protagonista del suceso es el austríaco
Josef Krejcik (1885-1957) tildado por muchos, un tanto
despectivamente, como “jugador de café”, aunque realizara
combinaciones que bien les hubiera gustado firmar a sus críticos.
Seguimos su relato gracias a la traducción de mi madrileño amigo
Carlos Llorente que, hace años, reside en Vitoria:
(La
posición) procede de una partida de torneo que jugué en 1913 en el
Café Elite
contra el Sr. Trestler. Mi contrario llevaba las piezas blancas.
Trestler - Krejcik
Viena,
1913
Resultaba
tentadora 1...£c4+ 2.£c3 £xc3+ 3.bxc3 ¦8a2 4.¥d2! ¦c2+ 5.¢d1
¦xb1+ 6.¢e2 ¦bb2 7.¦d1 pero no es suficiente.
Al
final se llega mediante una especie de cacería de extraordinario
encanto, en la que el doble sacrificio de las Torres es tan solo un
escalón previo.
1...¦xb1+!
2.¢xb1 ¦a1+! 3.¢xa1 £a4+ 4.¢b1 £a2+ 5.¢c1 £a1+ 6.¢d2 £xb2+
7.¢d3 £c2+ 8.¢d4 £c4+ 9.¢e5 £d5+ 10.¢f6 £f7+!!
Y
ahora el Rey inicia el viaje de regreso. En esta y en la jugada
c6-c5+ es donde radica la especial dificultad y belleza.
11.¢e5 11.¢g5
£f5+ , lleva al mate en la jugada siguiente.
11...£f5+
12.¢d4 c5+! 13.¢c3 £c2 mate
“Cuesta creer que esto sucediera en una auténtica partida”,
había anotado Alexander Koblenz (1916-1993), entrenador del gran M.
Tahl cuando éste alcanzó el título mundial.
El maestro Kurt Richter dio a conocer este formidable ejemplo en su
libro Jaque Mate, aunque el conductor de las blancas
apareciera –al menos en la versión española de Ediciones Martínez
Roca- como Westler.










