1 de marzo de 2003

DILARAM

Julián Alonso Martín

(JAQUE 19 )

Los árabes, que tomaron el ajedrez de los persas, se convirtieron muy pronto en apasionados del juego. Todas las clases sociales lo practicaban con deleite. Los califas, además de mover los trebejos, patrocinaban la estancia en la corte de los más afamados jugadores de la época. Las princesas también tomaban parte en la diversión, si bien no parece que fuera notable la calidad de sus movimientos: ¡ellas tenían otras “armas” para vencer en el juego!.

 
Ajedrez de leyenda

En esta ciudad de Sevilla donde resido, se terminó de componer el Libro de los juegos de Ajedrez, Dados y Tablas, hacia el año 1283. Los colaboradores de Alfonso X el Sabio, llegaron a copiar hasta cuatro veces (según afirmaba Ricardo Calvo) el más famoso problema medieval de procedencia árabe y autor desconocido, llamado “mansuba al-yariya” que quiere decir “de la doncella”. Su nombre nos recuerda a la princesa Dilaram que –la leyenda ha querido- aparece como la protagonista del suceso. Al parecer, esta hermosa criatura era la favorita de Murwardi, un gran visir pero mediocre jugador de ajedrez. Su apasionamiento por el juego, sin embargo, debía superar con creces al que le inspiraba su bella amante pues de otra forma no se explica que, en una tarde desafortunada y habiendo perdido ya la totalidad de sus riquezas y posesiones, se decidiera a apostar a la misma princesa para saldar la deuda de juego si resultaba derrotado.
....Después de algunos lances, la posición del visir había empeorado visiblemente. La princesa, que presenciaba el juego, se apercibió pronto de la delicada situación de la partida: su “dueño” estaba dispuesto a abandonar...

De repente los ojos de Dilaram brillaron como centellas y su rostro se iluminó de alegría: ¡había descubierto una secuencia de mate digna del mismísimo As-Suli! (ver recuadro) Se acercó discretamente a la alfombrilla sobre la que los varones jugaban y susurró al oído del visir: “Sacrifica tus torres pero no me sacrifiques a mí”. 

Murwardi comprendió, en principio, la sugerencia de la princesa: entregó la primera Torre en h8 y, después de que el Rey negro se la hubiera comido, llevó su elefante de h3 a f5 (pues esta era la manera de desplazarse de aquella pieza, hoy desaparecida) dando jaque con la segunda Torre que estaba en h1. Al desplazarse el Rey rival a g8, el visir entregó su segunda Torre en la misma casilla h8... y, de nuevo, el monarca rival se vio obligado a tomarla. Murwardi había ya cumplido con las indicaciones de la princesa; pero ¿dónde estaba el mate? La verdad es que tuvo que cavilar bien poco, tan evidente era su realidad: avanzó el peón a g7 y ante la obligada retirada a g8 del Rey enemigo, el salto de Caballo a h6 le dio el triunfo y la alegría de seguir disfrutando de Dilaram, cuyo nombre significa -nada menos- reposo del corazón.


As-Suli

(h.902 – 946)

Notable ajedrecista árabe que, según parece, era descendiente de un príncipe turco. Fue el teórico más importante de su tiempo, además de jugador de primera fila y vencedor del famoso Al-Mawardi, favorito del califa. Las ideas de As-Suli y la belleza de los juegos que desplegaba recibieron el aplauso y la admiración de cuantos le conocieron. De él se cuenta la siguiente anécdota:
Paseaba un día el califa por los hermosos jardines de su palacio y preguntó a los que le acompañaban si habían visto alguna vez una cosa tan bella. Cuando le respondieron que no, él les dijo: -Pues todavía es más hermoso contemplar a As-Suli jugando al ajedrez-.
Como compositor dejó muchas obras (mansubas) de gran valor artístico. Lo que acabamos de ver es, muy probablemente, fruto de su ingenio.

 
El juego de la Dama


A finales del siglo XV se produjo una gran “revolución” en la forma de jugar consecuencia de la aparición sobre el tablero de una nueva figura de enorme agilidad en sus desplazamientos. La Reina sustituyó a aquel elefante (o vizir) de torpes movimientos y se convirtió en la pieza más activa del juego. Y si una dama (princesa) fue la inspiradora del primer doble sacrificio de Torres que conocemos por la leyenda medieval, otra dama (ahora reina) será la principal ejecutora de la acción letal contra el monarca adversario, en el juego moderno. En la siguiente partida encontramos una secuencia de jugadas que mucho recuerda a las indicaciones de Dilaram.

 
Wockenfuss - Lingnau
Bad Wörishofen, 1992


Las negras acaban de mover 24...£e6? sin valorar suficientemente las posibilidades del adversario a través de la columna h. Los jugadores modernos conocen bien el procedimiento aplicable en tales casos... Así que:

25.¦h8+! ¥xh8 3.¦xh8+ ¢xh8 4.£h6+ ¢g8 5.¤g5

El conductor de las negras no quiso más explicaciones y se rindió.

La lección magistral sobre la forma de proceder para llegar a una conclusión de este tipo, la había “pronunciado” el admirado Kurt Richter (1900-1969) en la Olimpiada de Hamburgo, venciendo al representante de Lituania en una partida que mereció el honor de compartir el segundo y tercer premio de entre las mejores realizaciones de aquella competición.

K. Richter - Abramavicius
III Olimpiada. Hamburgo, 1930

1.d4 d5 2.¤c3 ¤f6 3.¥g5 e6 4.e4 dxe4 5.¤xe4 ¥e7 6.¥xf6 ¥xf6 7.¤f3 ¤d7 8.¥d3 0–0 9.£e2 c5 10.0–0–0

Además de retirar a su Rey del centro, amenaza abrir la columna d, en favor de la Torre.

10...cxd4 11.g4! g6 12.h4 ¥g7 13.h5 ¦e8 14.hxg6 hxg6 15.g5!

En muy pocas jugadas Richter ha montado un ataque formidable en el flanco de Rey. Con la columna h abierta, ahora se ha preparado un apoyo magnífico para los puntos de "acceso" f6 y h6.

15...e5 16.¦h4 ¤f8 17.¦dh1 ¥f5 18.£f1! 



Las blancas ya están "viendo" el espectacular paseo que pueden realizar por la columna abierta. Su adversario no encuentra la mejor respuesta... 
18...¦c8?

Así que...
19.¦h8+!! ¥xh8 20.¦xh8+ ¢xh8 21.£h1+ ¤h7

Tampoco servía 21...¢g8 22.¤f6+ £xf6 23.gxf6 ¥xd3 24.£h6 ¤e6 25.¤g5! y no se podrá evitar el mate.

22.¤f6 ¢g7 23.£h6+ ¢h8 24.£xh7 mate

Una ojeada a la siguiente posición nos convence enseguida de las posibilidades que el bando negro tiene de reeditar la brillantez que ya conocemos.

Manov - Hairabedian
Bulgaria, 1962

Corresponde jugar a las negras:



1...¥e2!

Formidable idea de sacrificio para despejar la columna h, camino de las piezas pesadas negras hacia el triunfo.

2.¤xe2

Despues de 2.£xb7+ £xb7 3.¦xb7+ ¢xb7 4.¦b1+ ¢c8 5.¤xe2 las negras estarían perdidas. Ahora las blancas pueden anunciar mate en 6, con el sacrificio previo de ambas Torres. 

2...¦h8+ 3.¢g1 ¦h1+ 4.¢xh1 ¦h8+ 5.¢g1 ¦h1+ 6.¢xh1 £h8+ 7.¢g1 £h2 mate.


También en el siguiente caso, la columna abierta es el camino que seguirán las Torres para “ofrecerse” al Rey adversario. Pero la tarea del conductor de las blancas es aquí un poco más complicada, por las defensas que rodean al monarca.

Kostev - Bogdanovic
Belgrado, 1954



1.¦h8+!! ¥xh8

En caso de 1...¢xh8 , después de 2.¥xf7 y 3.¦h1, a las negras solo le queda esperar el mate.

2.£xg6+ ¥g7 3.£xf7+ ¢h8 4.¦h1+ ¤h7 5.¦xh7+!

Aquí llega el segundo sacrificio de Torre sobre la misma columna.

5...¢xh7 6.£f5+ ¢h8 7.£h5+ ¥h6+ 8.£xh6 mate.

"¡Sacrifica tus torres...!”

El doble sacrificio de Torres presenta múltiples variantes en la partida de
ajedrez. Sin duda los más famosos reproducen la idea de la partida informal Anderssen – Kieseritzky, del año 1851, conocida como La Inmortal. Nos proponemos mostrar otros tipos no menos espectaculares y que responden a modelos bien diferentes en las formas de hacer la ofrenda. Allí las Torres se abandonaban al apetito adversario para distraer la atención de sus piezas del foco de la lucha. Si las Torres tenían entonces una “actitud pasiva”, en nuestros próximos casos se podrán ver Torres muy activas, más aún “provocativas”, y cuya función kamikaze generalmente no puede ser rechazada. Tampoco irán a su holocausto por la columna abierta del extremo del tablero. La secuencia con que se desarrollan los acontecimientos recuerda, sin embargo, el planteamiento que Dilaram hiciera a su amado: las Torres se entregan para abrir paso a la Dama encargada de rematar la faena. Vamos a utilizar la siguiente posición para ilustrar lo atractivo que resulta el grito de la princesa. Tanto que, a veces, produce alucinaciones...

Ribli - Walls
Camp.Equipos Austria, 1998

Aunque desconozco cual fuera la última jugada del bando negro: 1.... ? que diera lugar a la posición del diagrama, si no estoy equivocado, el conductor de las blancas ofreció aquí un doble sacrificio de sus Torres....


2.¦xh6+ gxh6 3.¦xh6+ ¢xh6

...para que la Dama entrase por retaguardia con la carga mortal (¿?).

4.£h8+

Entonces, las negras –quizás jugaron precipitadamente- cometen un terrible error.

4....¦h7??

y su adversario recibe un premio que no merecía:

5.£f6+ ¢h5 6.£g5 mate

En lo que acabamos de ver, las blancas actúan como si hubieran sufrido un espejismo. Están mejor; pero así no se gana. La auténtica combinación ganadora comienza con la entrega de la misma Torre... pero en otra casilla: 2.¦xg7+! ¦xg7 3.£xf5+,etc.

El error en su 4 movimiento hace perder al bando Negro. Después de 4...¢g6 , las blancas no podrían alcanzar su objetivo y, tras algunos jaques, tendrían que abandonar.


Para quien dirige uno de los bandos en una partida de ajedrez, el doble sacrificio de sus Torres representa una “inversión” de considerables proporciones. Y, al igual que en Economía, se espera obtener con ella una gran rentabilidad. La optimización del resultado exige que, al final de la operación, la captura del monarca enemigo sea una realidad. La forma en que se decidió la siguiente partida no puede menos de causar admiración...

Wheeler - Hall
Inglaterra, 1964

Es cierto que las negras, a las que corresponde jugar, tienen en b3 un peligroso "clavo" incrustado en la posición adversaria y que sus piezas dominan líneas importantes. Pero no es fácil imaginar la manera tan brillante con la que doblegaron la resistencia del rival. 

 

1...¦c1+!! Un espectacular sacrificio

2.£xc1 ¦xa3+! 3.¢b1 Si 3.bxa3 £a2#

3...¦a1+! La segunda Torre insiste. Y después de la obligada

4.¢xa1 la Dama entra en acción y cobra el dividendo.

4...£a8+ 5.¢b1 £a2 mate.

No menos espectacular resulta la terminación de la siguiente partida. Su ganador es un hombre injustamente olvidado en nuestro tiempo. Sin embargo, Oldrich Duras (1882-1957) fue no solamente un formidable jugador de torneos sino también un exitoso compositor de estudios sobre Finales. En 1950 la FIDE le concedió, -junto a otros 24 grandes jugadores de nombre más “sonoro”-, el título de GM antes de que se establecieran las normas que regulan su consecución. En el tiempo en que disputó el juego que vamos a mostrarles, contaba solamente 16 años...

Ulk (o Vik) - Duras
Praga, 1899



1...£g4

Amenaza, evidentemente, la Torre de h5 y prepara algo mucho más escondido en el otro flanco.

2.£h1?

No deja de resultar curioso comprobar cómo la jugada del texto, que contiene una clara amenaza de mate, es en realidad un grave error; pues faculta al adversario para poder asestar los golpes que conducirán hasta el patíbulo al Rey de las blancas. No vamos a analizarla, pero parece que la mejor respuesta habría sido 2.£e1 . Claro que es difícil imaginar una combinación tan bien engarzada como la que el joven Duras había preparado para la ocasión.

2...¦b1+!! 3.¢xb1 Después de 3.¢d2 , las negras habrían rematado brillantemente con 3...¦xf2+! 4.¥xf2 ¥c3+! 5.¢e3 d4#

3...¦b6+! 4.¢c1


Si hubieran aceptado el sacrificio de Torre, jugando 4.¥xb6 , el Rey de las blancas habría terminado antes su resistencia: 4...£b4+ 5.¢c1 ¥b2+ 6.¢b1 ¥a3+ 7.¢a1 £b2#

4...¥b2+ 5.¢d2 La alternativa 5.¢b1 acorta el proceso.

5...¥c3+! 6.¢c1 Está claro. Si 6.¢xc3 , la sentencia es 6...£b4#

6..b1+! La Torre insiste en sacrificarse por la causa.

7.¢xb1 £b4+ 8.¢c1 £b2 mate.



 
Para rematar este recorrido traemos ahora una terminación de partida que ha hecho célebre –yo creo- Kurt Richter al incorporarla a uno de sus libros. El protagonista del suceso es el austríaco Josef Krejcik (1885-1957) tildado por muchos, un tanto despectivamente, como “jugador de café”, aunque realizara combinaciones que bien les hubiera gustado firmar a sus críticos. Seguimos su relato gracias a la traducción de mi madrileño amigo Carlos Llorente que, hace años, reside en Vitoria:

(La posición) procede de una partida de torneo que jugué en 1913 en el Café Elite contra el Sr. Trestler. Mi contrario llevaba las piezas blancas.

Trestler - Krejcik
Viena, 1913



Resultaba tentadora 1...£c4+ 2.£c3 £xc3+ 3.bxc3 ¦8a2 4.¥d2! ¦c2+ 5.¢d1 ¦xb1+ 6.¢e2 ¦bb2 7.¦d1 pero no es suficiente.

Al final se llega mediante una especie de cacería de extraordinario encanto, en la que el doble sacrificio de las Torres es tan solo un escalón previo.

1...¦xb1+! 2.¢xb1 ¦a1+! 3.¢xa1 £a4+ 4.¢b1 £a2+ 5.¢c1 £a1+ 6.¢d2 £xb2+ 7.¢d3 £c2+ 8.¢d4 £c4+ 9.¢e5 £d5+ 10.¢f6 £f7+!!

Y ahora el Rey inicia el viaje de regreso. En esta y en la jugada c6-c5+ es donde radica la especial dificultad y belleza.

11.¢e5 11.¢g5 £f5+ , lleva al mate en la jugada siguiente.

11...£f5+ 12.¢d4 c5+! 13.¢c3 £c2 mate

“Cuesta creer que esto sucediera en una auténtica partida”, había anotado Alexander Koblenz (1916-1993), entrenador del gran M. Tahl cuando éste alcanzó el título mundial.
El maestro Kurt Richter dio a conocer este formidable ejemplo en su libro Jaque Mate, aunque el conductor de las blancas apareciera –al menos en la versión española de Ediciones Martínez Roca- como Westler.